El oficio de escribir
¡Escribe, escribe, escribe! Es la fórmula que una y otra vez repiten (nos ofrecen) todos los que han trascendido (triunfado) en el complicado oficio de escribir.
Ni que decir tiene que la lógica de semejante advertencia no admite réplica posible: si quieres ser escritor tendrás que escribir, escribir, escribir. No hay otra opción. Cuanto más lo hagas, mejor dominarás el arte de construir con las palabras.
Ese es el primer paso en este camino a ninguna parte de la vida de cualquier escritor, esto es, tomar conciencia de que escribir es un trabajo al que tienes que acudir a diario a picar letras. Pero, lo peor de todo, es que a cambio —a priori— no vas a recibir nada. El éxito con en el que sueñas —y en el que confías— tal vez nunca llegue.
Por tanto, antes de comenzar tu andadura en este viaje, si no quieres convertirte —como yo— en un escritor fracasado, tendrás que llenar tus alforjas de paciencia y perseverancia.
Diario de un escritor fracasado
Aquí es preciso aclarar a qué me refiero con lo de ser un escritor fracasado, pues no tiene nada que ver con el éxito, ni con publicar o no publicar, siquiera con ganar algún certámen literario, todo eso son bagatelas que alientan los —tentadores— resplandores con los que engañar a nuestro ego.
Un escritor se convierte en fracasado cuando —como Bartleby, el escribiente— no escribe o deja de escribir. Esa es la única medida por la que ha de guiarse cualquiera que sienta que en su ser habita el alma de un escritor y quiera arriesgarse en el oficio de escribir.
Porque cuando se escribe, por encima de todo, se ha de hacer para uno mismo. Como forma de autoexpresión y autoconocimiento. —Sí, sí, tranquilo, ya sé que no, que esto no va de psicoanálisis ni psicologías baratas—. A lo que me refiero es a la necesidad de expresar tanto, tanto… que expandirse a través de las palabras es la única forma de desahogo posible.
Bueno, tal vez la palabra desahogo no sea la más adecuada, suena angustiosa. Y escribir, en principio, debería de ser placentero.
El escritor frustrado
Y digo bien “en principio” porque en mi caso escribir me agota, me deja vacío, sobre todo cuando se trata de dar vida a unos personajes que quieren ser, que me empujan en su afán por la vida. En su volición consumen mis recursos vitales y se entrometen en mi día a día.
De ahí que no haya encontrado un contrapunto a tamaño esfuerzo. Nunca supe encontrar la fortaleza en mi espíritu para dejarme atrapar por alguna de las historias que vienen a mí, que reclaman mi atención, mi tiempo, que quieren que les dedique mi vida.
Reconozco que soy un cobarde, temo darles mi espacio vital, dejar de atender tantas otras cosas en las que —seguramente, de forma estúpida— malgasto mi vida… y que todo ese esfuerzo sea para nada. Que no sea capaz de escribir una buena historia, que no le interese a nadie, que sea tan solo un ridículo y vano ensueño.
En definitiva, temo ser un escritor frustrado. Así, que ante esa amenaza escogí ser un escritor fracasado.
El oficio de escribir
No permitas que te ocurra lo mismo que a mí, escribe, escribe, escribe. No importa cómo te plantees abordarlo, puedes escribir un diario, anotar tus pensamientos y emociones, desarrollar pequeñas historias, inventarte biografías de algún personaje que te obsesione, empezar a dar forma a una novela.
Sea lo que sea, escribe cada día, deja que las palabras acudan a ti y dales forma. Ponte objetivos, quinientas, mil palabras por día. Trabaja tu expresión, cuida tu estilo, piensa que el decir es un arte. Y como diría José Martí: “la mejor forma de decir es hacer”.
Así que nunca lo olvides, grábate estas palabras a fuego:
Escritor es el que escribe, no el que publica o vende libros.
Ese ha de ser tu principal objetivo, escribir, escribir, escribir. Si además consigues crear atracción hacia tus palabras e interesar a los lectores, mejor aún. Que te publiquen será un revulsivo. Ganarse la vida con tus escritos, y poder decir que tienes el oficio de escritor, un sueño. Pero llegues donde llegues, nunca olvides que en el oficio de escribir ante todo escribes para ti.
Haz que te guste, que sea placentero. Disfruta con tus palabras. Expande tu ser, tus ideas, tus pensamientos, tus emociones y hazlo a través de las palabras. ¡Escritor, escribe!
Pepe Caballero
En mí habita el espíritu de un escritor con ínfulas de maldito, aunque para desgracia suya, mi falta de voluntad no lo deja llegar ni a escritor fracasado. No esperes pues grandes manjares, que aquí lo nuestro no alcanza ni a aperitivo y, más aún, la mayor parte del tiempo la pasamos en ayunas no inspiradas.
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