Laísmo, leísmo y loísmo
El laísmo, leísmo y loísmo suponen uno de los errores gramaticales más frecuentes a la hora de expresarnos. Son fenómenos que por, lo general, se dan en España, pero apenas tiene incidencia el Hispanoamérica.
Su uso es tan usual en algunas zonas, que numerosos hablantes son incapaces de percatarse de su incorrección. Y esto afecta a las personas independientemente de su nivel diastrático de la lengua —culto, coloquial o vulgar—.
Se trata de una confusión de carácter sintáctico. Toda vez que consiste en el empleo erróneo de los pronombres lo, la y le —y sus plurales—, en sus funciones de complemento directo e indirecto. De ahí la importancia de la sintaxis en la correcta construcción de las oraciones y, por consiguiente, en la mejor estructuración de nuestras ideas.
Recordar que los pronombres, en tanto que sustitutos del nombre, pueden aparecer en el análisis sintáctico como Núcleo de un sintagma o grupo nominal.
Vamos a explicar cada uno de ellos y a verlos en contexto mediante ejemplos. De este modo, será más fácil distinguir su uso correcto y evitar las incorrecciones.
El laísmo
Como ya hemos comentado, apenas tiene incidencia en Hispanoamérica. Además, dentro de España se circunscribe a la zona centro —con Madrid como principal estandarte laista— y parte de la Castilla nordoccidental.
Consiste en el uso de los pronombres “la” y “las” en lugar de los pronombres “le” y “les”, en su función de complemento indirecto. A través de los ejemplos lo veremos más claro:
Ejemplos de laísmo
Así, en vez de decir “Le dije a María que te llamase”, un laista dice “⊗La dije a María que te llamase”. –> Como podemos observar, el pronombre “le” de la primera oración está referido a María. Es decir, sustituye a María: “Le dije que te llamase”.
El símbolo de la bolaspa ⊗ indica que una oración es incorrecta.
En consecuencia, si probamos a reemplazar a María por el nombre de un chico, vemos que la oración sigue siendo correcta y teniendo sentido: “Le dije a Pepe que te llamase”. –> “Le dije que te llamase”. Porque en ambos casos el pronombre “le” cumple la función de complemento indirecto.
Sin embargo, si tomamos el segundo ejemplo y cambiamos a María por el nombre de un chico obtenemos: “⊗Lo dije a Juan que te llamase”. –> “⊗Lo dije que te llamase”. Ya que no puedo sustituir “la” —complemento directo”— por “le” —complemento indirecto”. A menos que seas loista —que no creo—, la frase te sonará peor que mal.
Por tanto, el laísmo se va a dar solo cuando el hablante se refiera a una mujer. Para evitar errores de laísmo, solo tenemos que cambiar la referencia a una mujer por la de un hombre.
“A las hermanas de mi vecina ⊗las dieron una beca en la Universidad”. –> “A los hermanos de mi vecina ⊗los dieron una beca en la Universidad”. –> En los dos casos está mal empleado el uso de los pronombres. Lo correcto es: “A las hermanas de mi vecina les dieron una beca en la Universidad” y “A los hermanos de mi vecina les dieron una beca en la Universidad”.
Todo lo dicho aplica también cuando nos referimos a un animal de género femenino: “A la gata ⊗la he traído unas latas de comida”. –> “Al perro ⊗lo he traído unas latas de comida”. –> Lo correcto es: “A la gata le he traído unas latas de comida” y “Al perro le he traído unas latas de comida”.
El leísmo
Es el más generalizado. Si bien, sobre todo se da en España, y como sucede con el laísmo, en la zona de Madrid y Castilla y León.
Se trata de la confusión en el uso del pronombre “le(s)” en lugar de los pronombres “lo(s)” y “la(s)”, en la función de complemento directo.
Señalar que el leísmo está permitido cuando el pronombre “le” en lugar de “lo” refiere a una persona de género masculino y singular.
Al igual que hemos hecho antes, con unos ejemplos lo entenderemos mejor:
Ejemplos de leísmo
Vamos a empezar con el leísmo que está aceptado como válido. De este modo, si respondemos a la pregunta “¿Has visto a Juan?” con un “Sí, le he visto en el gimnasio”. –> Se considera correcto. Equivale a responder “Sí, lo he visto en el gimansio”.
En cambio, no estaría bien dicho si se da en plural: “¿Has visto a Juan y a Pedro? Sí, ⊗les he visto en el gimnasio.” –> En este caso, estaríamos ante un leísmo y, en consecuencia, cometeremos un error gramatical. –> Lo correcto es “Sí, los he visto en el gimnasio”. Porque “los” es complemento directo y no indirecto, que es lo que marca “les”.
Para evitar la confusión, podemos hacer igual que con el laísmo, es decir, cambiar el género de los elementos referidos. Solo que al revés, ahora tenemos que pasar del masculino al femenino.
Así, reformulando el anterior enunciado “¿Has visto a María?”, diría que a ninguno de nosotros se nos ocurriría responder a la pregunta con “Sí, ⊗le he visto”. –> Todos diríamos “Sí, la he visto”. Lo mismo para el plural: “¿Has visto a María y a Laura? Sí, las he visto —que no les— en el gimnasio”.
Para los animales y objetos opera la misma lógica. Es incorrecto decir “¿Has traído el libro? Sí, ⊗le he traído”. –> Tendríamos que decir “Sí, lo he traído”. Ídem en “Al perro ⊗le he sacado a pasear” –> Lo correcto es “Al perro lo he sacado a pasear hace una hora”.
El loísmo
Es el menos frecuente, apenas se registra su empleo ni en España ni en Hispanoamérica. Consiste en usar el pronombre “lo” en lugar de “le” en su función de complemento indirecto. Ya lo hemos puesto de ejemplo cuando hemos visto el laísmo. Pues es el mismo error, solo que el laísmo se da con el género femenino, y el loísmo con el género masculino.
La mayoría de los hablantes distingue la incorrección en su empleo. Por tanto, nos vamos a insistir más allá de recordar algún ejemplo:
“⊗Lo dije a Juan que viniera con nosotros”. –> Lo correcto es “Le dije a Juan que viniera con nosotros”.
Conclusión
Para terminar, podemos resumir diciendo que el laísmo y el loísmo suponen usar los pronombres “lo(s)”, “la(s)” en lugar de “le(s)”. Y, al revés, el leísmo implica utilizar el pronombre “le(s)” en lugar de “lo(s)”. Asimismo, para comprobar si estamos comentiendo un error en su empleo, como hemos visto, lo mejor que podemos hacer es reformular la frase cambiando el género de masculino a femenino y viceversa según lo explicado previamente.
Esperamos que os haya quedado claro en que consisten el laísmo, el leísmo y el loísmo. Como siempre, si tenéis alguna duda o queréis comentar al respecto, podéis dejar una respuesta más abajo.
LUCAS
Me dedico a la enseñanza de la lengua y la literatura españolas. Considero que un docente nunca ha de olvidar que es un transmisor/impulsor de conocimientos, no de verdades o dogmas, así que como decía Ortega y Gasset: “Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas”
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