Análisis de “La enamorada” de Alejandra Pizarnik
No voy a descubrir América si afirmo que prácticamente la totalidad de los escritores, poetas y demás personas del mundo del arte están hechos de otra pasta. Tal vez, de una que les confiere una especial sensibilidad para observar y abordar lo extraño que puede ser esto de la vida. Sin duda, del análisis de “La enamorada” de Alejandra Pizarnik, o de cualquiera de sus otras poesías, se desprende que la poeta argentina era una de esas personas especiales que se dedican al oficio de escribir.
Más aún, una mujer con la mirada rota. Con un sentir a flor de verso, de palabra dolorida, y de remiendos y descosidos del alma. Quizá, una persona sin el cinismo necesario para seguir adelante, para entender que vivir es engañarse a uno mismo, a los demás. Aceptar un papel en esta farsa del gran teatro del mundo y dejar que la vida fluya. Sí, con sus miserias, con sus alegrías, con sus contradicciones, pero ¡vida! El auténtico regalo…
Solo que Alejandra no supo encontrar ese asidero al que todos nos aferramos y con 36 años decidió adelantar su paso al otro lado, en su caso, al del mito. Porque su obra la sobrevive y la recrea en cada una de sus palabras.
Para realizar el análisis de “La enamorada”, nos ceñiremos a los pasos que establecimos en nuestra entrada Cómo comentar un poema. No obstante, un comentario de texto no es una ciencia exacta, más si tenemos en cuenta las particulares características del género lírico, por lo que el orden en el que se analiza la poesía puede ser variable.
Sí que es imprescindible que el comentario incluya un estudio tanto de la forma como del contenido, y la interrelación entre ambos aspectos.
Análisis de “La enamorada” de Alejandra Pizarnik
Vamos a señalar en negrita las letras que se repiten a partir de la sílaba tónica —que está resaltada en violeta—. Igualmente, separamos con el símbolo “/” las sílabas métricas.
La enamorada
es/ta/ lú/gu/bre/ ma/ní/a/ de/ vi/vir/ 11+1= 12—
es/ta/ re/cón/di/ta hu/mo/ra/da/ de/ vi/vir/ 12+1= 13—
te a/rras/tra a/le/jan/dra/ no/ lo/ nie/gues/ 10—
hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió
enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado
oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú
te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!
Análisis de la métrica y la estructura de La enamorada
Después de iniciar el análisis métrico del poema “La enamorada” de Alejandra Pizarnik, observamos que no se somete a ningún esquema estrófico. Esto es, no tiene ni rima ni medida isosilábica. Por tanto, sin necesidad de proseguir la escansión de los versos, sabemos que se trata de una poesía de verso libre.
Este tipo de versificación presenta unas estrategías fónicas y estilísticas diferentes a la poesía rimada. Es por ello que es preciso prestar más atención a los elementos internos del poema, —como sus campos semánticos o asociativos— y a su estructura.
Si nos fijamos en la composición del poema, podemos adivinar una suerte de estructura encuadrada. Así, tanto la primera como la última estrofa refieren a la angustia vital. A una agónica y desesperada percepción de lo que implica el hecho de estar vivo.
En cambio, las estrofas centrales (3, 4 y 5) focalizan parte de ese dolor vital en un hecho concreto. Esto es, en la ausencia del ser amado, en su partida y el dolor que esto genera en su persona. Un dolor disimulado, escondido.
Por consiguiente, en función del contenido, determinamos que este se puede estructurar en las dos partes coincidentes con lo expresado en el párrafo anterior.
Vamos a profundizar en:
El análisis del contenido
Una vez determinada su métrica y su estructura, nos adentramos en la parte más importante del análisis de “La enamorada” de Alejandra Pizarnik. En este apartado es preciso establecer los elementos más relevantes que nos puedan ayudar a captar la intención del poema, a desnudar su esencia.
Lo primero, resaltar la ausencia de signos de puntuación en el poema. A excepción de los signos de interrogación y de exclamación que aparecen en los dos versos finales, no hay ni un punto, ni una coma o punto y coma que otorguen una lógica a la disposición de las palabras. Tampoco encontramos una mayúscula, ni tan siquiera en su nombre.
Así, Pizarnik anticipa ya en la propia forma un efecto de ruptura con el orden, con la coherencia organizativa de las palabras. Un desconcierto, que como ahora veremos, se acentúa en las asociaciones que confiere a las significaciones y sentidos de sus frases.
Si comenzamos siguiendo la jerarquía que hemos establecido en la estructura de las estrofas, vamos a aunar el principio con el fin del poema por un lado, y las estrofas centrales por otro lado.
El dolor de ser vivo
Se inicia el poema con una aseveración donde la propia poeta se apela a sí misma, como vemos en el vocativo “Alejandra”. Y lo hace para conminarse a reconocer que se deja llevar por la vida: “no lo niegues”. Solo que el suyo más que un fluir vital, es un peso, una carga que se condensa en el verbo “arrastra”.
Una vida que aparece conceptualizada a través de dos sustantivos: “manía” y “humorada”. Los cuales nos ofrecen una idea del oscuro sentimiento que Pizarnik confiere al hecho de estar viva. Emoción que se ve amplificada con los adjetivos “lúgubre” y “recóndita”.
Esto es, para ella vivir se ha convertido en una triste obsesión, en una broma íntima que la arrastra. En un lastre del que parece querer liberarse. Porque “te remuerden los días / te culpan las noches”. Así, el tiempo se desdobla, vivir es una sucesión de días y noches, de horas que se alargan.
¿Adónde vas?
Vida de remordimientos y culpas, que —mediante la hipálage— se asocian a lo temporal, a la ininterrumpida cadena cíclica. Un continuo pesar que la hace sufrir, pues “duele la vida tanto tanto”, que se sumerge en la desesperación. En un no saber “¿adónde vas?”, sin rumbo ni dirección, sin fe ni pasión, “desesperada ¡nada más!”.
Una desesperación en la que se enmarca todo lo demás, todo queda atrapado en esa angustia que es el vivir. Ese sentimiento envuelve su alma y, en consecuencia, ese poso se infiltra en el amor, en la percepción de lo social, en el miedo a ser.
En estos versos los verbos aparecen en presente, como una realidad actual, que ocurre una y otra vez. Además, impresiona ese diálogo consigo misma, esa segunda persona con la que se dirige a ella, a Alejandra: “te arrastra”, “te remuerden”, ” te culpan”, “te duele”.
La enamorada
Una tristeza que se refleja en el espejo “hoy te miraste en el espejo”, que mediante el deíctico “hoy” se eterniza en el poema. Un hoy que, como en “La invención de Morel“, se repite y actualiza en cada lectura. Un diálogo infinito con su yo. Siempre con esa triste mirada “te fue triste estabas sola”, que todo lo impregna.
De igual modo, aparece la Pizarnik más lírica “la luz rugía el aire cantaba”, la que parece beber de las fuentes de Neruda. E introduce el motivo del poema, esto es, el amado. Un amor que se da por perdido “tu amado no volvió”.
Aquí los verbos van desde el pretérito perfecto simple: “miraste”, “fue”, “volvió”, hasta el pretérito imperfecto: “estabas”, “rugía”. Sitúa, por tanto, el amor en el pasado. Pero, a continuación, en la siguiente estrofa, va a utilizar verbos en futuro “enviarás”, “sonreirás”, “tremolarás” y “volverá”, con lo que parece querer expresar un anhelo, una esperanza “así volverá tu amado tan amado”.
Solo que no tarda en regresar al presente “oyes”, “recuerdas”, “rie”, “llora”, “cierra”, “digan”, a la triste realidad. La de un amor que ya no es. Del que solo queda el lamento “donde murieron las risas” y su recuerdo “recuerdas el último abrazo”.
Me desconcierta también el sentido que pueda adquirir “esa demente sirena que lo robó”. En el sentido de que me atrevo a descubrir una anfibología en su significado. Esto es, adivino tanto la sirena del barco en el que pudo partir el amado. Pero, también, el ser mitológico que arrastraba a los marineros al fondo del mar.
De este modo, Alejandra se puede identificar como una suerte de Penélope que sin fe aguarda a su Ulises, aunque tras el dolor, tal vez, haya alguna espuma de luz.
Una angustia velada
Pero, en un juego de máscaras, es preciso esconder lo que por otro lado se muestra “oh nada de angustias”. Donde, en una inversión muy lírica de la hipálage “ríe en el pañuelo llora a carcajadas” parece burlarse de sí misma, de su dolor. Porque, lo importante es “que no digan luego / que aquella mujer enamorada fuiste tú”.
La contradicción de ser en las palabras, de esconderse en los versos. De buscar una huída en esos “pequeños fuegos para quien anduvo perdida en los extraños”, que diría la propia Alejandra hablando de su poesía.
En definitiva, una vida hecha poesía. Envuelta en la sombra más oscura de unos versos que rompen la lógica y el ser, que, como un lobo, acechan el alma de los anhelos, de los vivos, de ella, de Alejandra, de Pizarnik.
Intertexualidades
Finalmente, para terminar nuestro análisis de “La enamorada” de Alejandra Pizarnik, vamos a referir a las intertextualidades que asocian este poema con otros de la propia poeta argentina y con otros autores.
En su obra, es fácil hallar esa angustia vital de la que hemos hablado. Así, poemas como “Despertar” o “A la espera de la oscuridad” reflejan ese dolor que transita por su obra.
De igual modo, podemos encontrar otros poetas en los que arte y locura van de la mano. Nos referimos, entre una larga lista, a autores como Leopoldo María Panero, o la italiana Alda Marini, de la que no hace mucho reseñamos su obra “La loca de la puerta de al lado“. (<– haz clic)
Te invitamos a leer otros poemas que hemos analizado en en blog, tales como: “La cierva blanca” de Jorge Luis Borges, “A la esperanza” de Sor Juana Inés de la Cruz, No volveré a ser joven de Biedma, o “¡Ah de la vida!” de Quevedo.
Recordar que cuando analizamos un poema nos dejamos mil cosas sin comentar. Es imposible tratar todo… En cualquier caso, esperamos que nuestro análisis de “La enamorada” de Alejandra Pizarnik os sirva como modelo.
Eres libre de dejarnos una respuesta o comentario más abajo, o bien, preguntarnos alguna duda que te haya podido quedar respecto a nuestro análisis.
JOTA
No sabría decir cuántos son muchos libros, pero haber leído bastantes de ellos me ha convertido en un lector desapasionado y crítico. También reconozco que son tantas las lecturas que olvidé que escribir sobre ellas es la única forma de conservar cierta memoria. Así que, hablemos de libros.
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