Análisis de “Los santos inocentes” de Delibes
El camino por el que transita la obra de un artista está plagado de vacíos, indiferencias y olvidos, pero a veces, la providencia se alía con la gracia y la inspiración para favorecer las palabras que crean la vida contada que habita en las novelas. Sin duda, esa alegre fusión es lo que se desprende del análisis de “Los santos inocentes” de Miguel Delibes.
Por cierto, tenemos un test de lectura de Los santos inocentes. <– Haz clic si te animas.
Y sin embargo, a “Los santos inocentes” la podríamos calificar de novela reconcentrada. En el sentido de que tan solo en unas ochenta páginas se desarrolla todo un universo de privilegios, oprobios, injusticias y, aun así, también, luz y esperanza.
En efecto, detrás de la historia de Azarías, Paco, el Bajo o Régula se puede adivinar toda una sucesión histórica de explotación, sueños truncados y humillaciones a las que han sido sometidos tantos seres humanos a lo largo de la línea del tiempo.
Porque, si bien, la novela está ambientada en la Extremadura de los años sesenta de la España del régimen de Franco, la figura del señorito Iván no es producto exclusivo de aquel tiempo, sino que es un remedo de un personaje casi mitológico que, como si de un Ulises se tratase, ha ido degenerando de héroe a vulgar tirano.
Análisis de “Los santos inocentes” de Miguel Delibes
La forma en la que Delibes estructura el libro es clave en la construcción que hace de la historia. Así pues, en seis capítulos —denominados libros—, va a desarrollar a los dos personajes principales sobre los que gira toda la novela.
Nos referimos a Azarías, con el que comienza el libro primero. Y a Paco, el Bajo, que protagoniza el libro segundo. A través de sus historias, el escritor vallisoletano nos transporta al interior de una finca extremeña. Y más aún, a un mundo donde las diferencias de clase se enraízan hasta lo indecible.
Vamos, por tanto, a continuar nuestro análisis de “Los santos inocentes” de Delibes, profundizando en la caracterización de dichos personajes —y del señorito Iván— y su relación con la trama:
Azarías
Hermano mayor de Régula, que está casada con Paco, el Bajo. En consecuencia, ambos son cuñados. Tiene sesenta años —”sesenta y uno para San Eutiquio”— y adolece de una deficiencia mental. Su principal característica consiste en el apego que profesa a la naturaleza.
De este modo, va a destacar su conexión con los animales, sobre todo, con los pájaros. Ya sea, con el búho, ya sea con la graja, o con el cárabo. Esta misma capacidad, lo va a hacer mostrarse unido a la Niña Chica. O sea, con Charito, la hija mayor de Paco, el Bajo y Régula, la cual sufre no solo de una discapacidad mental, sino también física.
Así, Azarías se caracteriza por ser un personaje “inocente”. Que vive en una suerte de atavismo que lo individualiza y aleja del resto de los hombres —porque el de la novela es un mundo de hombres—. De esta manera, se orina las manos —”para que no se le agrieten”—, hace sus deposiciones, allá donde pilla, en la finca. O sube al monte a correr el cárabo, donde se desata su espíritu animal.
Pero, a pesar de todo esto, Azarías entiende y asume el papel que le toca representar. Esto es, el de la servidumbre. Puesto que no conoce otra opción, solo aquella en la que ha vivido toda su vida. Además, no concibe que no sea así. De ahí que recrimine a Régula por enviar a sus sobrinos a la escuela: “el mal es para ti, luego no te van a servir ni para finos ni para bastos”.
Paco, el Bajo
Si hay algo que resalta de la personalidad de Paco, el Bajo es su fidelidad perruna. No sabe decir no a nada que le pidan —ordenen— “los señoritos”. Tal como si en sus genes estuviese codificado el servilismo. Es por ello que una y otra vez va a retraerse, a agachar la cabeza, a humillarse ante estos.
Porque la relación que se establece entre los señoritos y sus sirvientes no tiene nada que ver con lo laboral. Es un vínculo más próximo a la semiesclavitud que a cualquier otra definición que pudieramos encontrar. En efecto, a cambio de su completa sumisión, estos obtienen un sustento vital en forma de infravivienda y alguna que otra propina pecuniaria.
La otra cualidad que define a Paco, el Bajo tiene que ver con otra habilidad perruna. Me refiero a su olfato. De hecho, este rasgo le va a otorgar a Paco, el Bajo la oportunidad de poder mostrarse orgulloso por algo.
Efectivamente, es su condición de secretario de caza del señorito Iván lo único que le reporta satisfacción en tanto que sirviente. Su olfato permite avisar al señorito de la dirección por donde va a entrar la caza. Asimismo, le permite cobrarse todas las piezas cazadas sin perder ni una. Por tanto, cuando va de cacería con el señorito, se muestra orgulloso porque nadie lo hace mejor que él. Y el resto de señoritos envidian a Iván por contar con Paco, el Bajo como secretario.
A pesar de todo lo referido sobre este personaje, y de que él es consciente de ser servicial por naturaleza, por contra, para sus hijos anhela otro futuro. De ahí que los envíe a la escuela, y desee hacer lo propio con su hija Nieves. En este sentido, difiere de su cuñado Azarías.
El señorito Iván
Tal y como hemos comentado al inicio de este análisis de Los santos inocentes de Delibes, se convierte en paradigma de personaje perteneciente a una estirpe. Un aristoi, esto es, un representante de lo más elevado de entre las castas —que no clases— sociales.
Así, el hijo de la señora marquesa se muestra indolente ante todos los que lo rodean. En el sentido de que desprecia a todos los que —en su consideración— están por debajo suya. Esto incluye desde sus sirvientes hasta personajes como don Pedro, el Perito que se ve humillado por la infidelidad de su esposa con el señorito Iván.
Ante los iguales, también se muestra altivo, insolente. El estatus, como a Paco, el Bajo la sumisión, le viene de serie en la sangre. No obstante, lo principal que sabemos del señorito Iván es su afición por la caza. Como si no hiciera otra cosa que matar animales. Lo que parece un reverso de su trato hacia las personas.
El trato hacia los demás
Porque para el señorito Iván los demás aparecen como objetos de su posesión. Da igual que Paco, el Bajo se haya roto una pierna. Él lo necesita para que lo acompañe a cazar y lo presiona hasta que este —fiel y perruno— acepta. Y claro, se vuelve a desgraciar. Y aun así, de nuevo, va a intentar convencerlo una segunda vez.
Puesto que, tras la primera rotura, Paco, el Bajo sugiere que se lleve como secretario a su hijo Quirce. Y así lo hace el señorito Iván. Pero, aunque el joven Quirce se muestre habilidoso con los temas de la caza, desagrada al señorito porque siente que este no humilla como su padre. Y eso lo saca de sus casillas.
Ya que el hijo de la marquesa lo que necesita como el respirar es sentirse por encima de los demás. Y Quirce, pese a tratarlo con respeto y hacer todo lo que el señorito le dice, se muestra indiferente, orgulloso.
Incluso le reniega la propina que le ofrece Iván al final de la cacería. Cosa que termina de sacar de quicio al señorito. Pues no le basta con que le sirvan y obedezcan, quiere sentir el sometimiento.
Un personaje mitológico
Citaba con anterioridad a Ulises, y la comparación es más que intencionada. En el sentido de que en La Odisea, el héroe, al igual que el señorito Iván, se muestra indolente ante el destino de sus hombres. Estos son meros instrumentos, como peones de ajedrez que han de servir a los propósitos del rey de Ítaca. Por futiles que puedan ser.
Solo que Ulises todavía pertenece a la casta de los aristoi que pretendía la hazaña. Ir más allá de lo humano en busca de la trascendencia. Crear el mito. Lo que, a pesar de todo, podría dar un sentido al sacrificio de los otros. Pues, se hace en aras de… No obstante, ser un guerrero es vivir para siempre.
Pero, ¿cuál es el empeño del señorito Iván? A cambio de qué está dispuesto a sacrificar a sus hombres. La respuesta es obvia. El héroe ha devenido en antihéroe. Ya no precisa demostrar nada. Todo le viene dado de por sí. La única proeza posible es evitar que los de abajo puedan ascender. Esa es la única tarea de la élite, sea esta cual sea.
En consecuencia, el héroe pasa a ser una caricatura, un esperpento del callejón del Gato. Donde matar el tedio es la mayor aventura, ya sea esta en forma de caza, de aventuras sexuales o de vacaciones de lujo a una isla paradisiaca.
Porque el señorito Iván no es producto de un tiempo específico —el régimen franquista—, ni de un lugar concreto —España—. Es un personaje universal que se copia a sí mismo, que adopta nuevas formas y estilos. Que cambia todo para que nada cambie. Solo que a veces, las líneas del destino son inescrutables.
La trama de “Los santos inocentes” de Delibes
Una vez determinados los ingredientes principales en nuestro comentario de “Los santos inocentes” de Miguel Delibes, solo queda agitar el cóctel. Y el resultado es un intensa combinación, reflejo de unos carácteres que el egregio vallisoletano fusiona de forma magistral.
Pues tal y como sucede con nuestras vidas, la conjunción de ciertos sucesos —la mayoría insignificantes— pueden dar lugar a la bendición del éxito, o a la consolidación de la tragedia. Porque como advierte el narrador: “si hubieran vivido siempre en el cortijo quizá las cosas se hubieran producido de otra manera”.
En efecto, si el señorito de Azarías no se hubiera deshecho de él, no tendría que haberse ido a vivir donde su hermana Régula. Si el Rogelio no le hubiera regalado la graja, no se habría encariñado de esta. Si Paco, el Bajo no se hubiera roto una pierna, y el Quirce no hubiera sido tan morugo con el hijo de la marquesa, Azarías nunca tendría que haber ido a acompañar al señorito Iván de cacería.
Meras casualidades, o no… Porque podríamos añadir otra más: si el señorito Iván hubiera tenido una buena jornada de caza, no habría tenido necesidad de desquitarse disparando a la graja. Aunque, ¿por qué dispara a la graja a pesar de saber que es el pájaro de Azarías y de que este le ruega que no le tire?
¿Justicia poética?
Fácil, lo hace por el mismo motivo que pide a Paco, el Bajo que lo acompañe de cacería aun con la pierna rota, o por el que ordena que se ciegue a los reclamos, o por el que se acuesta con doña Purita. Esto es, por el placer de estar por encima, de humillar a los otros, de permitirse todo.
Pues nadie se va a atrever a contradecirlo. Solo hay otro personaje en la novela que también vive al margen del resto de los hombres. Si bien, este es un pobre inocente con una discapacidad mental. Pero también tiene otras reglas, las de la naturaleza.
De ahí que se cobre su venganza y ahorque al señorito Iván en un árbol. Que jamás habría concebido que por matar a un pájaro encontraría la muerte. Una fatalidad anticipada por Quirce: “es un pájaro negro y nada bueno puede traer a casa un pájaro negro”.
Y es que se podría pensar que hay una suerte de justicia poética en el acto de Azarías. Pero como hemos visto, todo sucede por azar, sin el concierto de los personajes. Ahí está la maestría de Delibes, y el paralelismo con la vida real.
El que termina con los desmanes del señorito Iván, no lo hace por ningún tipo de justicia social, sino por una graja… Pues, de no haberse dada todas las circunstancias reseñadas, todo habría seguido su curso. Es lo mismo que Dostoievski nos enseña en su obra Los hermanos Karamázov.
Un mundo de hombres
Finalmente, en nuestro análisis de Los santos inocentes de Delibes vamos a observar el papel que desempeñan las mujeres en la novela. De este modo, Régula está caracterizada como una mujer arisca, zahareña. Pero, ¿qué alegrías puede tener?
Si a Paco, el Bajo le toca cargar con la responsabilidad de defender los intereses de su familia —aunque ya sabemos de su carácter—, Régula, en cambio, se muestra más libre. Sin la carga que arrastra su marido, ella se puede permitir mostrar personalidad. Servir sin ser sierva.
Solo se muestra fiel a su familia. Ya sea su marido, sus hijos o su hermano. Si bien, asume, como Paco, el Bajo —o siguiendo a este—, los designios que los señoritos trazan para ellos. De ahí que acepte que su hija Nieves entre a servir en casa de don Pedro, el Perito, en vez de que entrase en la escuela, como ambicionaban.
La propia Nieves se nos presenta como una adolescente espabilada, que sabe desenvolverse en los papeles que le son otorgados. Primero en tanto que sirviente de doña Purita, y luego ídem en casa de la marquesa. Donde va a entrar en el radar del señorito Iván, que de no ser por el fatal desenlace, con toda probabilidad, hubiera acabado abusando de ella.
Charito, la niña Chica, la mayor de la familia de Régula y Paco, el Bajo aparece como símbolo de un mundo erróneo. Con una malformación física y una discapacidad mental está sin más cuidados que los de su hermana Nieves —antes de entrar a servir con los señores—. Su visión, va a causar espanto en la señorita Miriam.
Las señoras
Esta será la única que muestre cierta compasión y humanidad entre los pertenecientes al grupo de los privilegiados. No obstante, ella también pertenece a su mundo, y se permite hacer lo que los hombres. Como ir con ellos de cacería.
Pues como hemos dicho previamente, la élite sabe adaptarse. No importa que el poder sea representado por hombres o por mujeres, mientras sean ellos los que mandan.
Si bien, como dice nuestro compañero Pepe en sus Tarascadas IX< (<– haz clic): “¿Cómo pueden ser libres aquellos que nacen siendo completamente dependientes?”
De ahí que la figura de la marquesa aparezca como una sombra. Apenas se nos dice nada de ella. Pero, a su vez, es la que legitima a toda su estirpe.
Por su parte, doña Purita que se podría tomar como una mujer libre que se impone sobre su marido. En verdad, no deja de ser otro objeto más para la satisfacción del señorito Iván. Ya que a este no le interesa doña Purita, solo dar gusto a sus pasiones y de paso humillar a su marido.
Conclusión
En definitiva, es imposible contar más en una novela de ochenta y pocas páginas. Además, Delibes lo narra de forma magistral.
A través del uso de un narrador omnisciente, sumado al estilo libre indirecto y el tallado en oro fino de la lengua del escritor vallisoletano, este transporta de la mano al lector a la finca extremeña donde se confundirá con la historia de Paco, el Bajo, Régula, el señorito Iván y Azarías.
No hay novela de Delibes en la que no se precise de un diccionario cerca…
Para terminar de engrandecer esta obra, se filmó una adaptación cinematográfica. La cual, ha gozado del mismo éxito que la novela. Dirigida por Mario Camus, e interpretada, entre otros, por Alfredo Landa y Paco Rabal, recibió numerosos premios y el aplauso de crítica y público.
Por mi parte, sabiendo que me dejo cosas en el tintero, espero que te haya gustado nuestro análisis de Los santos inocentes de Miguel Delibes. Si quieres comentar sobre lo aquí dicho, puedes dejar una reacción o respuesta más abajo.
JOTA
No sabría decir cuántos son muchos libros, pero haber leído bastantes de ellos me ha convertido en un lector desapasionado y crítico. También reconozco que son tantas las lecturas que olvidé que escribir sobre ellas es la única forma de conservar cierta memoria. Así que, hablemos de libros.
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