Análisis de Desmayarse, atreverse, estar furioso de Lope
No cabe duda de que cualquiera de nosotros, en algún momento de su vida, se ha visto sacudido por la fiebre y el temblor de Cupido. Si afortunados, con su flecha de oro; si no, con una punta hecha en plomo. En ocasiones, peor aún, sumidos en la ambivalencia del amor que no se sabe si es o no. De ahí que definir el amor sea tan complejo. A menos, claro, que seas un “experto” en la materia. Como sin duda se advierte en el análisis de “Desmayarse, atreverse, estar furioso” de Lope de Vega.
Porque, claro, quién mejor que Lope —él, que tanto lo probó— para hablarnos del amor. Aunque, por suerte para nosotros, más allá de los amores terrenales, el poeta madrileño profesaba con mayor dedicación —si cabe— el oficio de escribir y su pasión por las letras. Así, en su poesía —más que en su teatro— se entremezclan la vida y el arte, el gozo y el dolor, el amor y los versos…
Para realizar el análisis de “Desmayarse, atreverse, estar furioso” de Lope de Vega, nos ceñiremos a los pasos que establecimos en nuestra entrada Cómo comentar un poema. No obstante, un comentario de texto no es una ciencia exacta, más si tenemos en cuenta las particulares características del género lírico, por lo que el orden en el que se analiza la poesía puede ser variable.
Sí que es imprescindible que el comentario incluya un estudio tanto de la forma como del contenido, y la interrelación entre ambos aspectos.
¡Adelante!
Análisis de “Desmayarse, atreverse, estar furioso” de Lope
Vamos a señalar en negrita las letras que se repiten a partir de la sílaba tónica —que está resaltada en violeta—. Igualmente, separamos con el símbolo “/” las sílabas métricas.
Des/ma/yar/se, a/tre/ver/se, es/tar/ fu/rio/so,/ 11A
ás/pe/ro,/ tier/no,/ li/be/ral,/ es/qui/vo,/ 11B
a/len/ta/do,/ mor/tal,/ di/fun/to,/ vi/vo,/ 11B
le/al,/ trai/dor,/ co/bar/de/ y a/ni/mo/so;/ 11A
no ha/llar/ fue/ra/ del/ bien/ cen/tro y/ re/po/so,/ 11A
mos/trar/se a/le/gre,/ tris/te, hu/mil/de, al/ti/vo,/ 11B
e/no/ja/do,/ va/lien/te,/ fu/gi/ti/vo,/ 11B
sa/tis/fe/cho, o/fen/di/do,/ re/ce/lo/so;/ 11A
huir/ el/ ros/tro/ al/ cla/ro/ de/sen/ga/ño,/ 11 C
be/ber/ ve/ne/no/ por/ li/cor/ sü/a/ve,/ 11D
ol/vi/dar/ el/ pro/ve/cho, a/mar/ el/ da/ño;/ 11C
cre/er/ que un/ cie/lo en/ un/ in/fier/no/ ca/be,/ 11D
dar/ la/ vi/da/ y el/ al/ma a un/ de/sen/ga/ño;/ 11C
es/to es/ a/mor,/ quien/ lo/ pro/bó/ lo/ sa/be./ 11D
Análisis métrico de “Desmayarse, atreverse, estar furioso” de Lope
El poema está compuesto por dos cuartetos y dos tercetos. Es decir, la composición clásica del soneto. O lo que viene a ser, dos estrofas de cuatro versos de arte mayor en endecasílabos con rima ABBA – ABBA (los cuartetos), y dos estrofas de tres versos de arte mayor en endecasílabos con rima CDC- DCD (los tercetos).
Es preciso resaltar la sinéresis del verso 10 que Lope marca con una trema o diéresis. De igual modo, es necesario destacar que el soneto es una de las composiciones poéticas más repetidas en nuestra poesía. Introducido en el siglo XV —sin demasiada fortuna— por el marqués de Santillana en sus “Sonetos fechos al itálico modo“, tuvo que esperar hasta el siglo XVI, de la mano de Boscán y de la dulce pluma de Garcilaso, para triunfar entre los poetas del parnaso (en) español.
Análisis de la estructura
La estructura del poema también se adapta al modelo clásico del soneto de estilo petrarquista. Esto es, aquellos que toman como referencia las composiciones del “Cancionero” de Petrarca. En este sentido, el soneto se estructura planteando y desarrollando el tema tratado en los cuartetos. Mientras que en los tercetos se produce el desenlace del tema.
De este modo, como ya venimos advirtiendo, el tema tratado en el poema es el del amor. Y si hay algo que se destaca de la poesía del poeta madrileño es su carácter vivencial. Toda vez que Lope de Vega más que seguir un tópico latino aquí, o una temática petrarquista allá, se sirve de sus propias experiencias personales para conformar su lírica.
Así, para hablarnos del amor e intentar definirlo, Lope rompe con el esquema típico del soneto, y tanto en los cuartetos como en los tercetos introduce y desarrolla la temática, dejando para el verso final, a modo de epifonema, el desenlace del soneto.
Vamos a ampliar lo dicho hasta ahora, mediante el –>
Análisis del contenido de “Desmayarse, atreverse, estar furioso” de Lope
Estamos en la parte más importante de nuestro comentario del soneto “Desmayarse, atreverse, estar furioso” de Lope de Vega. Se trata de resaltar los elementos más relevantes que facilitan la comprensión de la poesía. Es decir, lo que nos ayuda a captar su esencia. Para ello, vamos a analizar cada una de las estrofas.
Lo primero que me llama la atención de esta poesía es el ritmo que Lope le otorga. Se sirve de una sucesión de asíndeton para acumular acepciones sobre el amor, bien a través de la adjetivación, bien mediante el uso de oraciones de infinitivo. Con ello, consigue un ritmo desenfrenado, una carrera en la que solo las pausas estróficas nos dan un respiro.
¿Qué es el amor?
De este modo, comienza el primer cuarteto mediante el uso de infinitivos: dos pronominales “desmayarse, atreverse” y otro el del verbo “estar”. Con ello otorga un carácter impersonal al soneto. Pues, en efecto, no hay un “yo lírico” que exprese una emoción, sino que, como ya hemos advertido y reiteramos, está definiendo qué es el amor.
En consecuencia, adopta una estructura copulativa en la que hace acopio de atributos referidos a la persona que “sufre” el amor. Así, a partir del infinitivo “estar” acumula hasta doce adjetivos, que se caracterizan por ser la mayoría de ellos antitéticos. Esto es, el amor te hace sentirte de una manera “furioso, áspero, esquivo, mortal, difunto, traidor, cobarde” y de su contraria “tierno, liberal, alentado, vivo, leal, animoso”.
Idéntico esquema se observa en el segundo cuarteto, pues comienza con otro enunciado en infinitivo “No hallar fuera del bien centro y reposo”. Es decir, el desasosiego que crea la ausencia del ser amado. Y a continuación, una vez más —en esta ocasión con el semicopulativo “mostrarse”— acumula adjetivos contrarios: “alegre/triste, humilde/altivo, enojado+ofendido+receloso/satisfecho, valiente/fugitivo”.
Donde podemos observar que los atributos de carácter negativo (trece) prevalecen sobre los positivos (diez).
Los tercetos
Empiezan los tercetos con la misma fórmula impersonal. Ya que el amor, antes o después, nos atrapa a todos con sus embriagadores efluvios. Y de nuevo una caracterización negativa del amor. Pues a través de los infinitivos “huir, beber, olvidar, amar” se nos advierte de que el amor nos hará autoengañarnos, aceptar y asumir el dolor, no querer ver la realidad…
Así, “un cielo en un infierno cabe”, puesto que, ¿quién de nosotros no se ha arrastrado por lo más oscuro de nuestro ego queriendo creer en un amor que no estaba destinado a ser? O peor aún, dar todo, “la vida y el alma”, a sabiendas del “desengaño”, a un amor que solo pretende el juego.
Un desengaño que aparece repetido en ambos tercetos, lo que me permite incidir en la visión negativa —por encima de la positiva— que Lope de Vega otorga al amor. Y me lleva a elucubrar en que el poeta madrileño a la hora de escribir esta poesía no se encontraría en un buen momento sentimental.
En cualquier caso, esa sensación la hace extensible a todos, y en el último verso del soneto completa la ecuación copulativa. De este modo, a través del pronombre demostrativo neutro “esto” recoge, auna todo lo dicho en los anteriores trece versos. O sea, todo eso que he dicho antes es el amor.
Y remata la faena con una subordinada de relativo: “quien lo probó lo sabe”. Es decir, si tú también has experimentado el amor, sabes que yo, Lope de Vega, tengo razón en lo que he dicho, querido lector, mon semblable, mon frère en el desengaño amoroso.
Análisis de las intertextualidades
Finalmente, para terminar el análisis del soneto “Desmayarse, atreverse, estar furioso” de Lope de Vega, podemos afirmar que tanto en el Renacimiento como en el Barroco los poetas no se destacaban por la originalidad de sus temáticas. Toda vez que todos repetían los mismos temas y tópicos.
Es más, también utilizaban los mismos metros. Por tanto, la originalidad se centraba en la maestría con la que el poeta era capaz de armar su composición. De buscar una nueva forma de decir lo ya dicho, lo ya expresado.
Sin embargo, Lope de Vega, a pesar de que también se atiene al petrarquismo —e incluso imita a Góngora—, innova al introducir en sus poesías sus propios amores y vivencias personales. En este sentido, es un poeta adelantado al hacer de su época. A este respecto, entre otros, son famosos sus poemas “Suelta mi manso, mayoral extraño” o “¿Apartaste, ingrata Filis?”.
Como siempre que realizamos un comentario, somos conscientes de dejarmos mil cosas en el tintero. No obstante, toda poesía es un fluir infinito del que nos permitimos atrapar algunas luces.
Por cierto, no te pierdas nuestro análisis de “Yo voy soñando caminos” de Antonio Machado, de “A Dafne ya los brazos le crecían” o “En tanto que de rosa y azucena” de Garcilaso, o de “¡Ah de la vida!” de Quevedo.
En cualquier caso, más abajo puedes realizar un comentario o pregunta sobre nuestro análisis del soneto “Desmayarse, atreverse, estar furioso” de Lope de Vega.
JOTA
No sabría decir cuántos son muchos libros, pero haber leído bastantes de ellos me ha convertido en un lector desapasionado y crítico. También reconozco que son tantas las lecturas que olvidé que escribir sobre ellas es la única forma de conservar cierta memoria. Así que, hablemos de libros.
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