Análisis de “La cierva blanca” de Borges
La teoría literaria ha desarrollado conceptos tales como hipertextualidad o intertextualidad. Esto es, las diferentes relaciones e influencias que se pueden establecer entre un texto dado y otras obras literarias. Así, en el análisis de “La cierva blanca” de don Jorge Luis Borges, observamos como el escritor argentino se sumerge en la literatura medieval inglesa.
Si bien, en general, el señor Borges es más conocido por su faceta de cuentista —obras como “Ficciones” o “El Aleph”, dan buena fe de ello—, su obra ensayística y poética no desmerece ni un ápice. Fiel a su estilo, entre reflexivo, mágico y filosófico, sus poesías se impregnan de su buen hacer narrativo. Donde, por encima de lo lírico —de la forma—, destaca lo expresado —el fondo—.
No te pierdas el texto de nuestro compañero Pepe Caballero sobre don Jorge Luis Borges (haz clic) –> Leyendo a Borges.
Para analizar “La cierva blanca”, nos ceñiremos a los pasos que establecimos en nuestra entrada Cómo comentar un poema. En cualquier caso, un comentario de texto no es una ciencia exacta, por lo que el orden en el que se analiza la poesía puede ser variable.
Sí que es imprescindible que el comentario incluya un estudio tanto de la forma como del contenido, y la interrelación entre ambos aspectos. En mi caso, prefiero empezar con la métrica, ya que me sirve para centrarme en el poema y su estructura. Lo que me ayuda a leer con mayor atención e ir desentrañando el sentido del contenido. ¡Vamos a ello!:
Análisis métrico de “La cierva blanca” de Borges
Vamos a señalar en negrita las letras que se repiten a partir de la sílaba tónica —que está resaltada en violeta—. Igualmente, separamos con el símbolo “/” las sílabas métricas. Y con los corchetes “[]” los hemistiquios.
La cierva blanca
[¿De/ qué a/gres/te/ ba/la/da/] [de/ la/ ver/de In/gla/te/rra/,] 7+7=14A
[de/ qué/ lá/mi/na/ per/sa/,] [de/ qué/ re/gión/ ar/ca/na/] 7+7=14B
[de/ las/ no/ches/ y/ dí/as/] [que/ nues/tro a/yer/ en/cie/rra,] 7+7= 14A
[vi/no/ la/ cier/va/ blan/ca/] [que/ so/ñé es/ta/ ma/ña/na/?] 7+7 =14B
[Du/ra/rí/a un/ se/gun/do/.] [La/ vi/ cru/zar/ el/ pra/do/] 7+7 = 14C
[y/ per/der/se en/ el/ o/ro/] [de u/na/ tar/de i/lu/so/ria/,] 7+7=14D
[le/ve/ cria/tu/ra he/cha/ de/] [un/ po/co/ de/ me/mo/ria/] 7+7= 14D
[y/ de un/ po/co/ de ol/vi/do/,] [cier/va/ de un/ so/lo/ la/do/.] 7+7 ) 14C
[Los/ nú/me/nes/ que/ ri/gen/] [es/te/ cu/rio/so/ mun/do/] 7+7= 14E
[me/ de/ja/ron/ so/ñar/te/] [pe/ro/ no/ ser/ tu/ due/ño/;] 7+7= 14F
[tal/ vez/ en/ un/ re/co/do/] [del/ por/ve/nir/ pro/fun/do/] 7+7= 14E
[te en/con/tra/ré/ de/ nue/vo/,] [cier/va/ blan/ca/ de un/ sue/ño/.] 7+7= 14F
[Yo/ tam/bién/ soy/ un/ sue/ño/] [fu/gi/ti/vo/ que/ du/ra/] 7+7= 14G
[u/nos/ dí/as/ más/ que el/ sue/ño/] [del/ pra/do y/ la/ blan/cu/ra/.] 7+7= 15G
*Los devotos de una métrica rigurosa pueden leer de este modo el último verso:
[Un/ tiem/po/ más/ que el/ sue/ño/] [del/ pra/do/ y/ la/ blan/cu/ra/.] 7+7= 14G
(Debo esta variación a Alicia Jurado.)
Análisis de la rima y la métrica
Según podemos observar, el poema adopta una variación esquemática del soneto. En concreto, el señor Borges está utilizando el llamado soneto shakespeariano. O lo que es lo mismo, tres serventensios de diferente rima y un pareado final.
Pero, el poeta bonaerense, además, introduce varias innovaciones. Así, en lugar del soneto endecasílabo de corte petrarquista, encontramos un soneto en alejandrinos. Que introducido en el modernismo por Rubén Darío, ha sido utilizado de forma frecuente, entre otras cosas, para traducir al español los sonetos del bardo inglés.
E igualmente, sustituye un serventesio por un cuarteto. De este modo, en el poema tenemos un serventesio con rima ABAB, un cuarteto con rima CDDC, otro serventesio con rima EFEF y, finalmente, un pareado con rima GG.
Así mismo, el último verso presenta una métrica anisosilábica con respecto al resto de la composición. Puesto que es pentadecasílabo en lugar de alejandrino. No obstante, se nos ofrece una variante al verso final —”para los devotos de la métrica rigurosa”— en la que se ajusta a la regularidad alejandrina.
Recordar, por último, que —tal y como señala Antonio Quilis en su “Métrica española”— el alejandrino es un verso de origen francés que requiere una división en dos hemistiquios, puesto que la medida del verso obliga a una pausa entonativa. También, que en cada hemistiquio operan las reglas y licencias métricas.
Análisis de la estructura
Si bien, como hemos visto hasta ahora en nuestro análisis de “La cierva blanca” de don Jorge Luis Borges, este innova con la forma del soneto, en cuanto a lo que la estructura respecta, observamos que se adapta al modelo shakespeariano.
En este sentido, el soneto se estructura planteando y desarrollando el tema tratado en los serventesios —con la variación del cuarteto—. Mientras que en el pareado se produce el desenlace del tema.
De este modo, los temas introducidos por el poeta se ajustan al carácter mágico filosófico que comentábamos anteriormente. Utiliza para ello dos de los tópicos más usuales del Barroco. Esto es, el de la vida es sueño y el de la fugacidad de la vida.
Destaca el carácter narrativo que impregna a toda la composición. Así pues, en el primer serventesio introduce el tema de la cierva soñada a través de una pregunta retórica. Prosigue con el cuarteto centrándose en las etéreas propiedades del animal.
Llegamos así al próximo serventesio en el que inicia la reflexión acerca del onírico encuentro con la cierva, para, finalmente, introducir la equiparación de su propia vida con la fugaz visión de la cierva soñada.
Vamos a profundizar en lo dicho, mediante el –>
Análisis del contenido de “La cierva blanca” de Borges
Llegamos a la parte más sustancial de nuestro comentario de “La cierva blanca” de don Jorge Luis Borges. Para ello, iremos estrofa por estrofa desgranando los elementos más relevantes de la forma y el contenido.
Se inicia la poesía con una pregunta retórica en la que el yo lírico se cuestiona acerca de la visión que ha tenido en un sueño. Esto es, una cierva blanca. A la que relaciona con referencias literarias y mágicas. Tal y como se expresa en “agreste balada”,”lámina persa” o “región arcana”.
Puesto que dicha cierva es representada en obras literarias, como los lais de María de Francia o las baladas de Chrétien de Troyes, en tanto que animal mágico capaz de abrir un portal a otras dimensiones. En consecuencia, el poeta a través de la cierva blanca nos introduce en su sueño y en su memoria literaria que, como si nos transportará a otro mundo, se confundirán en un todo.
Lo más destacado en este primer serventesio es la estructura paralelística que utiliza para formular las preguntas —”de qué”— y la introducción de los dos sujetos que se van a equiparar en el poema. Me refiero a la cierva blanca y al propio poeta.
Tal y como observamos en el análisis de los verbos –> el referido a la cierva aparece expresado en tercera persona del singular: “vino”. Y en primera persona está “soñé”, que alude al yo del poeta.
El cuarteto
La segunda estrofa incide en la imagen de la cierva en el sueño. En cómo se le mostró al poeta y en la caracterización descriptiva que hace de esta. En este sentido, resalta la ausencia de volición del yo lírico en el acto de soñar. Es decir, el poeta no es dueño de sus sueños. Estos le son dados sin más, sin su aquiescencia.
En consecuencia, la cierva “vino” y al yo lírico solo le es dado contemplarla: “la vi cruzar el prado”. Esto sucede en un instante —”duraría un segundo”, pues como una luz que se confunde con el azul del mar, su imagen se perdió “en el oro de una tarde ilusoria”. Allí donde se confunde lo real con lo imaginario.
A fin de cuentas, la cierva no deja de ser producto de su memoria, de lo leído —recreado— en esas baladas inglesas, o en esas láminas persas. Pero la memoria no deja de ser a la vez construcción y olvido. Un crear los recuerdos de aquello que no se da al olvido, una reductora discriminación de lo vivido.
“Cierva de un solo lado”, fugaz e inconsistente. No llega ni a la totalidad de una cierva, pues su pasar solo le muestra una arista, un fragmento de la ilusoria realidad. O es que, ¿acaso somos capaces de contemplar el todo? O, más bien, ¿estamos condenados a observar solo una parte?
Ante eso solo nos queda agradecer –>
El otro serventensio y el pareado
Así, en la tercera estrofa introduce una primera reflexión general. En ella la voz lírica incide en lo azaroso de su encuentro. Esto es, el determinismo que gobierna nuestras vidas: “Los númenes que rigen este curioso mundo”, porque, otra vez, no estuvo en la voluntad del poeta soñar con la cierva blanca, sino que fue el destino dictado por los “númenes” quienes “me dejaron soñarte, pero no ser tu dueño”.
En consecuencia, existe la remota posibilidad de que el azaroso porvenir —”tal vez en un recodo del porvenir profundo”—, vuelva a dejarlo soñar con la cierva blanca.
Llegamos así a los versos finales. En ellos se equipara la figura soñada de la cierva blanca con el ser del poeta, con el que se inicia el verso a través del pronombre “yo”. Condensa en estos dos versos toda la esencia del poema, toda la carga filosófica que, como hemos referido, corresponde a dos tópicos barrocos: el de la vida es sueño y el de la vida breve.
Es por ello que el poeta se define como otro sueño no buscado —”soy un sueño fugitivo”—, que quizá, dure “unos días más que el sueño del prado y la blancura”. O sea, que ese fugaz instante —”un segundo”— en el que vio a la cierva blanca, no se diferencia del tiempo que representa su propia vida.
Puesto que la memoria y el olvido, lo real y lo ilusorio —literario—, la vida y el sueño son una misma cosa y la contraria. No se distinguen más que en nuestra temblorosa percepción. En la falsa seguridad sobre la que construimos nuestras vidas y que como el agua que desborda un río nos inunda y fertiliza en la certeza de la nada.
No importa, nos dejaremos soñar con la fe de los que creen. Que así sea.
Intertextualidades
Finalmente, resaltar los campos léxicos más relevantes en el poema. Vemos que destacan las palabras relacionadas con el tiempo: “noches, días, ayer, mañana, segundo, tarde, porvenir, días”, y con lo onírico y misterioso: “arcana, soñé, ilusoria, númenes, soñarte, sueño, sueño, sueño”.
Por consiguiente, vemos que inciden en las asociaciones de lo temporal y lo mágico y soñado con la fugitiva realidad que nos hace ser.
Para terminar, hacer referencia a las intertextualidades del poema. De este modo, en la propia obra de don Jorge Luis Borges encontramos abundantes ejemplos de obras relacionadas con lo onírico. No hemos de bucear mucho para encontrar su “Libro de sueños”, o poesías como “El sueño”.
De igual modo, en relación con los tópicos tratados en el poema, tenemos un amplio corpus de obras del Barroco, entre las que destacamos “La vida es sueño” de Calderón de la Barca, o “Los sueños” de Quevedo.
También hemos analizado en en blog otros poemas, tales como: el poema 20 de Pablo Neruda, “Lo fatal” de Rubén Darío, “A la esperanza” de Sor Juana Inés de la Cruz, o “¡Ah de la vida!” de Quevedo
Recordar que cuando analizamos un poema nos dejamos mil cosas sin comentar. Es imposible tratar todo… En cualquier caso, esperamos que nuestro análisis de “La cierva blanca” de don Jorge Luis Borges os sirva como modelo.
Eres libre de dejarnos una respuesta o comentario más abajo, o bien, preguntarnos alguna duda que te haya podido quedar respecto a nuestro análisis.
JOTA
No sabría decir cuántos son muchos libros, pero haber leído bastantes de ellos me ha convertido en un lector desapasionado y crítico. También reconozco que son tantas las lecturas que olvidé que escribir sobre ellas es la única forma de conservar cierta memoria. Así que, hablemos de libros.
Leer más publicaciones del autor
¡Nos encanta que comentéis!

Últimas entradas
Temas

