Análisis de “Amor constante más allá de la muerte” de Quevedo
No son pocos los que han pretendido atacar u obviar a Francisco de Quevedo. Se le ha tachado de clasista, de machista —o más aún, misógino—, y, si abarcamos un poquito más, de misántropo. No seré yo quien haga de abogado del diablo. No lo necesita el poeta madrileño. Porque como veremos en nuestro análisis del poema “Amor constante, más allá de la muerte” de Quevedo, este se defiende con su mejor arma: las palabras.
En cualquier caso, detrás de toda obra literaria —y artística— hay una concepción, una ideología. Esto es, una forma de entender y ordenar el mundo. Y en no pocas ocasiones, las ansias censoras reviven con el afán de “liberarnos” de algún mal o peligro…
Pero las ideologías van y vienen en función de los intereses de las élites. El único peligro de Quevedo está en su genialidad. En su dominio absoluto de la lengua española. En su virtuosismo literario.
Para analizar la poesía, seguiremos los pasos que establecimos en nuestra entrada Cómo comentar un poema. No obstante, un comentario de texto no es una ciencia exacta, por lo que el orden en el que se analiza la poesía puede ser variable.
Sí que es imprescindible que el comentario incluya un estudio tanto de la forma como del contenido, y la interrelación entre ambos aspectos. En mi caso, prefiero empezar con la métrica, ya que me sirve para centrarme en el poema y su estructura. Lo que me ayuda a leer con mayor atención e ir desentrañando el sentido del contenido. Empecemos:
Análisis métrico de “Amor constante, más allá de la muerte” de Quevedo
Vamos a señalar en negrita las letras que se repiten a partir de la sílaba tónica —que está resaltada en violeta—. Igualmente, separamos con el símbolo “/” las sílabas métricas.
Ce/rrar/ po/drá/ mis/ o/jos/ la/ pos/tre/ra/ 11A
som/bra/ que/ me/ lle/va/re el/ blan/co/ dí/a/, 11B
y/ po/drá/ de/sa/tar/ es/ta al/ma/ mí/a/ 11B
ho/ra a/ su a/fán/ an/sio/so/ li/son/je/ra/; 11A
mas/ no/, de e/so/tra/ par/te, en/ la/ ri/be/ra/, 11A
de/ja/rá/ la/ me/mo/ria, en/ don/de ar/dí/a/: 11B
na/dar/ sa/be/ mi/ lla/ma/ la a/gua/ frí/a/, 11B
y/ per/der/ el/ res/pe/to a/ ley/ se/ve/ra/. 11A
Al/ma a/ quien/ to/do un/ dios/ pri/sión/ ha/ si/do/, 11C
ve/nas/ que hu/mor/ a/ tan/to/ fue/go han/ da/do/, 11D
me/du/las/ que han/ glo/rio/sa/men/te ar/di/do/, 11C
su/ cuer/po/ de/ja/rá/, no/ su/ cui/da/do/; 11D
se/rán/ ce/ni/za/, mas/ ten/drá/ sen/ti/do/; 11C
pol/vo/ se/rán/, mas/ pol/vo e/na/mo/ra/do/. 11D
Análisis de la rima y la métrica
El poema está compuesto por dos cuartetos y dos tercetos. Es decir, la composición clásica del soneto. O lo que viene a ser, dos estrofas de cuatro versos de arte mayor en endecasílabos con rima ABBA – ABBA (los cuartetos), y dos estrofas de tres versos de arte mayor en endecasílabos con rima CDC- DCD (los tercetos).
A este respecto, es preciso destacar que el soneto es una de las composiciones poéticas más repetidas en nuestra poesía.
Introducido en el siglo XV —sin demasiada fortuna— por el marqués de Santillana en sus “Sonetos fechos al itálico modo”, tuvo que esperar hasta el siglo XVI, de la mano de Boscán y de la pluma de Garcilaso, para triunfar entre los poetas del parnaso (en) español.
Análisis de la estructura
La estructura del poema también se adapta al modelo clásico del soneto de estilo petrarquista. Esto es, aquellos que toman como referencia las composiciones del “Cancionero” de Petrarca. En este sentido, el soneto se estructura planteando y desarrollando el tema tratado en los cuartetos. Mientras que en los tercetos se produce el desenlace del tema.
De este modo, podemos observar que el tema tratado en la poesía es el del “amor post mortem“, que literalmente significa amor después de la muerte. Y desarrolla la idea de un amor eterno que es capaz de vencer incluso hasta a la muerte.
Otro de los tópicos tratados en el poema es el de la consideración platónica de entender el cuerpo como una cárcel para el alma.
Así pues, en los dos cuartetos el poeta desafía a la muerte. En el sentido de que esta podrá arrebatarle la vida. Pero la voz lírica expresa la certeza de que su alma —una vez liberada de su cuerpo—, seguirá siendo capaz de conservar el amor que profesa a lo amado.
Un amor con el que comienzan los tercetos, y que ante su fulgor, el poeta se reafirma en su convencimiento de que este podrá vencer a lo fatal, a la muerte.
Resaltar, así mismo, que la mayoría de versos son esticomíticos, esto es, que presentan coincidencia entre la unidad métrica y la sintáctica. Rasgo, por lo general, característico de la poesía de Quevedo. Si bien, también encontramos varios encabalgamientos en los cuartetos.
Vamos a ampliar lo dicho hasta ahora, mediante el –>
Análisis del contenido
En este punto de nuestro análisis del poema “Amor constante, más allá de la muerte” de Quevedo, detallaremos estrofa por estrofa los elementos más destacables en los que se funden la forma y el fondo de la poesía.
De este modo, comienza el primer cuarteto con un estilo declarativo por parte del yo lírico. Y como ya hemos tenido ocasión de mencionar, lo que nos manifiesta es un reto, una advertencia a la muerte.
Puesto que, aunque, esta se presenta como un hecho cierto, algo que sí o sí ocurrirá. No es mostrado como una cuestión inminente, siquiera preocupante. Al contrario, la muerte supondrá la liberación gozosa del alma —el cuerpo como cárcel del alma—.
De ahí que utilice el infinitivo “desatar”, en el sentido de liberar. Así como los adjetivos “ansioso lisonjera”, que refieren a un deleite esperado, y que califican al sustantivo afán. Esto es, el alma desea con fruición escapar del cuerpo.
Destaca también, en este primer cuarteto, la denominación metafórica que se da a la muerte: “la postrera sombra”. O sea, la muerte en tanto que última sombra. Que a su vez contrasta de forma antitética con la luz expresada en “el blanco día”.
Lo que más me llama la atención en este cuarteto, es el uso de los verbos “podrá, podrá” en futuro imperfecto de indicativo, y “llevare” en futuro imperfecto de subjuntivo. Todos en 3ª persona, pues refieren a la muerte. Y que introducen el desafío a la muerte expresado en el siguiente cuarteto:
El segundo cuarteto
El segundo cuarteto se inicia con una conjunción adversativa, esto es, “mas”, que introduce una oposición a lo dicho previamente. Así pues, la muerte podrá acabar con su vida, PERO —mas—, su alma no solo se liberará del cuerpo, sino que además será capaz de conservar su memoria.
Para ello, introduce Quevedo una referencia mitológica. Pues alude, de forma indirecta con “en la ribera”, al río Leteo. O sea, uno de los ríos por los que en la mitología griega las almas transitaban hasta el infierno, y que tras beber de su agua, estas olvidaban su vida pasada.
Solo que la voz lírica advierte de que su alma “no” “dejará la memoria” al otro lado del río Leteo —”de esotra parte, en la ribera”—. Y se jacta de ello: “nadar sabe mi llama la agua fría”, perdiendo con ello “el respeto a la ley severa”. Esto es, a la muerte.
Vuelve a utilizar elementos antitéticos, como vemos en el uso de ardía, llama y fría. Donde contrasta la llama ardiente del amor con la fría muerte.
En cuanto a los verbos, aumenta la variedad de los tiempos verbales. Así, con el futuro imperfecto “dejará” continúa la línea introducida en el cuarteto anterior. Pero, dentro de esa muerte futura, aparece el pretérito imperfecto “ardía”. Es decir, ese amor no se perderá en el pasado, sino que continuará ardiendo más allá de la muerte.
Y lo expresa desde el convencimiento del ahora, para ello usa el verbo en presente “sabe”, que se acompaña de los infinitivos “nadar” y “perder”. Culminando, de esta manera, su desafío a la muerte.
Los tercetos
Porque su alma se debe al amor. Es por ello que el primer terceto presenta un tono sentencioso. Aquí la esticomitia aparece en versos unimembres. Ya que, como si se tratase de una oración, la voz lírica manifiesta el fervor con el que su alma ha vivido el amor.
Hasta el punto de que es su alma la que en esta ocasión se convierte en una prisión. Así, “todo un dios —Amor—” no puede escapar de lo más profundo de su ser. Un amor enraizado también en su cuerpo, que ha ardido por su sangre “venas que humor —fluidos— a tanto fuego han dado”. Que habita hasta en lo más profundo de sus huesos, hasta el tuétano: “medulas que han gloriosamente ardido”.
Si nos fijamos en los verbos de este terceto, observamos que, incidiendo en el referido carácter sentencioso, aparecen al final de cada verso.
Además, están en pretérito perfecto compuesto, lo que expresa una cercanía del pasado con respecto al presente —futuro en este caso—. Puesto que sigue refiriéndose a la futura muerte.
El segundo terceto
Y más aún, su alma —tras la muerte— no solo será capaz de conservar viva la llama del amor. Sino que, también, se ocupará de su cuerpo fallecido —”su cuerpo dejará, no su cuidado”. Puesto que como hemos visto en el anterior terceto, en cada micra de su cuerpo, de su ser, está arraigado el amor.
En consecuencia, su cuerpo se convertirá en ceniza —polvo eres y en polvo te convertirás—, pero esta ceniza también será capaz de vencer a la muerte: “mas tendrá sentido”. Esto es, el amor que profesa también seguirá vivo en el polvo en el que se transfigurará su cuerpo, “polvo serán, mas polvo enamorado”.
Culminando de esta manera el soneto, y el reto a la muerte. Pues la voz lírica expresa la certeza de que tanto su alma, como su cuerpo —convertido en polvo— seguirán ardiendo de amor. Y con ello, el poeta manifiesta la concepción cristiana de la unidad de cuerpo y alma en un todo inseparable.
Los verbos regresan al futuro imperfecto “dejará, serán, tendrá, serán”. Rematando, así, el desafío del poema a la muerte. De igual modo, los versos son esticomíticos, pero presentan una bimembración que sirve al poeta para refutar “no, mas, mas” a la muerte, y declarar la victoria absoluta de su amor sobre ella.
Intertextualidades de “Amor constante, más allá de la muerte”
Hablaba Dámaso Alonso —en su imperdible Poesía española— de que en la obra de Quevedo se vislumbra un desgarrón afectivo. En la percepción de que el poeta madrileño parecía mostrar una incapacidad para el amor, pero a su vez era capaz de escribir algunos de los versos más bellos de la lírica española.
Por mi parte, lo que más me conmociona de esta sublime poesía es la completa ausencia de la amada. No hay ninguna referencia al objeto de su amor. Esto es, se habla del amor —el amor más grande que se pueda concebir—, pero no aparece nada de lo amado.
No sé —y la verdad, no me interesa— si Quevedo experimentó, o no, el amor humano. Lo que sí me queda claro es que amaba con profusión su arte, el sentir literario.
Y entre los pocos elegidos a ocupar un espacio en el Parnaso de las letras, sin duda, Quevedo, pese a todo lo que se pueda decir sobre él —”los perros ladrán, pero la caravana avanza”—, siempre tendrá garantizado un altar mayor en la literatura en español.
Finalmente, indicar que el tópico del amor post mortem se ha repetido como una constante en el arte. Así, el mito de Orfeo y Euridice ya se fundamentaba en un amor capaz de vencer a la muerte. En el Barroco fue uno de los temas de la literatura y la pintura. En nuestros días, sigue presente en canciones o películas como Solo los amantes sobreviven de Jim Jarmusch.
Por cierto, no te pierdas nuestros análisis de “A José María Palacio” de Antonio Machado, de “Lo fatal” de Rubén Darío, de la rima LIII de Bécquer o de “A la esperanza” de Sor Juana Inés de la Cruz.
Espero que te haya gustado mi análisis de “Amor constante, más allá de la muerte” de Quevedo. Tengo claro que siempre quedan aspectos sin comentar —no se puede analizar todo—. Si tienes alguna duda, o quieres dejar una respuesta o reacción a esta entrada, puedes hacerlo más abajo.
JOTA
No sabría decir cuántos son muchos libros, pero haber leído bastantes de ellos me ha convertido en un lector desapasionado y crítico. También reconozco que son tantas las lecturas que olvidé que escribir sobre ellas es la única forma de conservar cierta memoria. Así que, hablemos de libros.
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